08 de Mayo, 2017

Quesos maduros en la cocina

En sus miles de años de existencia, el queso ha sido considerado una de las más notables creaciones gastronómicas.

Los quesos maduros en específico, son aquellos que por haber alcanzado su madurez, bien sea por su método de elaboración o por el tiempo de añejamiento, pueden permanecer inmunes en la intemperie hasta por 15 días, sin sufrir podredumbre, aunque sí mayor dureza o resequedad.

Estos quesos aportan energía, proteínas de gran calidad, vitaminas: A, B2 (riboflavina) y B12 y minerales como calcio, fósforo y zinc. 60 g de queso maduro cubren la ¼ parte de las necesidades diarias de proteínas, más de la mitad de las de calcio y la ¼ parte de las de vitamina A.

¿Qué tipos existen? Algunos son manchego, édam, cheddar, gouda, gruyer, oaxaca, mozarela, provolone y parmesano. Su pasta firme, su color y sabor más intensos y su bajo contenido de agua, los ubica entre los preferidos de muchos. Lo recomendable es servirlos a una temperatura de entre 16 y 18 grados centígrados, sin empaque y sobre materiales como tablas de mármol, madera, cristal o porcelana.

Los mejores acompañantes de los quesos no solo son el pan o pequeñas galletas saladas, sino también fruta fresca, como manzana o uvas. Puede además usar acompañamientos como confituras picantes, frutos secos, miel de abeja, fruta fresca y deshidratada, pepinillos o cebollas encurtidas, aceitunas y tomates frescos.

El vino y la cerveza son bebidas ideales para servir como acompañantes del queso. Los quesos maduros no van bien con los vinos espumosos ni los vinos blancos con acidez, pero sí se llevan a la perfección con los tintos.